Banshee Temporada 1, Episodio 3: Meet the New Boss — El día que Lucas Hood mostró quién mandaba
Hay momentos en una serie en los que un personaje deja de ser simplemente interesante y se convierte en alguien imposible de ignorar.

Para Lucas Hood, ese momento llega en Meet the New Boss, el tercer episodio de la primera temporada de Banshee.
Hasta ahora sabíamos que el nuevo sheriff escondía demasiados secretos. Sabíamos que no era realmente quien decía ser, que había pasado quince años en prisión y que había llegado a Banshee persiguiendo un pasado que nunca consiguió olvidar.
Pero todavía faltaba descubrir algo importante:
¿Qué clase de sheriff sería Lucas Hood cuando alguien verdaderamente peligroso decidiera desafiarlo?
La respuesta llega de la forma más brutal posible.
Y después de este episodio, Banshee ya no vuelve a sentirse como un pueblo tranquilo.
Un hombre con una placa que todavía piensa como un criminal
Lucas sigue llevando la estrella de sheriff, pero está claro que no ha aprendido a comportarse como un policía convencional.
No conoce todas las reglas.
No siempre sabe qué procedimiento seguir.
Y, para ser sinceros, tampoco parece importarle demasiado.
Su manera de entender la justicia proviene de otro mundo: el de las cárceles, las peleas y la supervivencia.
Eso es precisamente lo que hace tan interesante al personaje.
Lucas puede estar del lado correcto de la ley, pero los métodos que utiliza pertenecen muchas veces al lado contrario.
Mientras intenta mantener su nueva identidad, también continúa chocando con Kai Proctor, el hombre que mueve gran parte de los hilos en Banshee.
Proctor no necesita llevar una placa.
Tiene dinero, contactos, negocios y una presencia que hace que casi todos entiendan cuándo deben apartarse de su camino.
Casi todos.
Porque Lucas Hood parece no haber recibido ese mensaje.
Un gran combate que promete llenar Banshee de dinero
Proctor se encuentra involucrado en la organización de un importante evento de artes marciales mixtas en el casino Kinaho Moon.
El campeón Damien Sanchez es la gran estrella.
Su presencia significa público.
Significa apuestas.
Significa dinero.
Mucho dinero.
Y precisamente por eso varias personas poderosas están dispuestas a proteger el espectáculo pase lo que pase.
Sanchez disfruta comportándose como alguien intocable.
Es famoso, fuerte y está rodeado de personas que dependen económicamente de él. Esa combinación le ha hecho creer que puede hacer prácticamente cualquier cosa sin sufrir consecuencias.
Cuando conoce al nuevo sheriff, incluso intenta provocarlo para que suba al ring con él.
Lucas se niega.
Por un instante podría parecer prudencia.
Pero cualquiera que haya observado a Hood durante estos primeros episodios sabe que hay algo más detrás de esa mirada.
Lucas no teme pelear.
Lucas sabe exactamente lo que significa una pelea real.
Y también sabe que algunas peleas no terminan cuando suena una campana.
Carrie intenta cerrar una puerta que nunca terminó de cerrar
Mientras Lucas intenta asentarse en Banshee, Carrie Hopewell continúa atrapada entre dos vidas.

Para su familia es esposa y madre.
Para Lucas sigue siendo Anastasia, la mujer con la que compartió un pasado criminal, una huida y un amor que quince años de prisión no consiguieron borrar completamente.
Pero todavía existe una amenaza aún mayor.
Mr. Rabbit.
Carrie decide enfrentarse directamente a su padre y entra en su casa buscando un acuerdo.
Está dispuesta incluso a devolver los diamantes robados si con eso consigue que Rabbit deje en paz a su familia.
Pero Rabbit conoce perfectamente dónde golpear.
No quiere únicamente los diamantes.
Quiere a Lucas.
La propuesta deja a Carrie ante una elección terrible: entregar al hombre que alguna vez lo perdió todo por ella o poner en riesgo la vida que ha construido durante los últimos años.
Ese conflicto convierte a Carrie en uno de los personajes más interesantes de la serie.
No es simplemente la antigua amante del protagonista.
Es una mujer intentando evitar que dos versiones de sí misma destruyan todo lo que tiene.
Lucas entra en una familia a la que nunca perteneció
Gordon invita a Lucas a pasar un tiempo con su familia.
Es una situación extraña.
El falso sheriff se encuentra dentro de la casa del hombre que ahora está casado con Carrie, observando de cerca la vida que ella construyó mientras él estaba encerrado.
Para Lucas, cada pequeño detalle funciona casi como una herida.
Gordon posee la casa.
La familia.
Los años junto a Carrie.
Todo aquello que Lucas imaginó alguna vez y nunca pudo tener.
Cuando finalmente queda a solas con Carrie, la tensión que llevan acumulando desde su reencuentro vuelve a salir a la superficie.
Carrie le dice que ha cambiado.
Lucas no lo niega.
¿Cómo no iba a cambiar?
Pasó quince años encerrado mientras ella continuaba con su vida.
Para Carrie fueron quince años construyendo algo nuevo.
Para Lucas fueron quince años recordando lo que había perdido.
Ninguno de los dos está completamente equivocado.
Y precisamente por eso la relación funciona tan bien.
Rebecca continúa caminando entre dos mundos
Lucas acaba nuevamente en el bar de Sugar, donde vuelve a encontrarse con Rebecca Bowman.
Rebecca también vive dividida.
Por un lado está la comunidad Amish en la que creció.
Por otro, una vida completamente distinta que la atrae cada vez con más fuerza.
Su relación con Lucas representa parte de esa rebeldía.
Pero esta vez aparece otra figura importante.
Kai Proctor es su tío.
La conexión añade una capa nueva al personaje de Rebecca y también a Proctor, quien conoce perfectamente lo que significa alejarse de las normas de su comunidad.
Proctor observa cómo Rebecca empieza a recorrer un camino que él mismo conoce demasiado bien.
Y queda claro que su preocupación por ella no encaja fácilmente con la imagen del hombre frío y calculador que domina Banshee.
El momento en que todo cambia
Hasta aquí el episodio ya tiene suficientes conflictos para funcionar.
Pero entonces llega Damien Sanchez.
Después de una fiesta previa al combate, una joven termina gravemente agredida por el campeón.
Lucas y Siobhan la visitan en el hospital.
Y en ese momento desaparece cualquier duda sobre lo que Hood piensa hacer.
Va a arrestar a Sanchez.
El problema es que arrestarlo significa poner en peligro todo el evento.
Hay demasiado dinero en juego.
Proctor quiere que Lucas espere.
Que permita que Sanchez dispute primero la pelea.
Después podrán solucionar el problema.
Desde una perspectiva económica, tiene sentido.
Desde la perspectiva de Lucas Hood, no.
Porque Hood puede mentir sobre su nombre.
Puede robar.
Puede ignorar procedimientos.
Puede cruzar líneas que ningún sheriff debería cruzar.
Pero hay ciertas cosas que simplemente no está dispuesto a dejar pasar.
Así que entra en la fiesta donde Sanchez disfruta de toda la atención y decide llevárselo detenido.
Y entonces ocurre lo inevitable.
Lucas Hood contra Damien Sanchez
Sanchez no acepta ser arrestado.
Peor todavía: cree que Lucas es simplemente otro hombre al que puede intimidar.
Es probablemente su mayor error de toda la noche.
Lo que sigue no parece una elegante pelea televisiva.
Parece una guerra entre dos hombres que no quieren retroceder.
Sanchez es más joven, un atleta profesional y un campeón acostumbrado a destruir rivales dentro de un ring.
Lucas, en cambio, ha aprendido a sobrevivir donde no existen árbitros.
Cada golpe duele.
Lucas cae.
Sangra.
Recibe una paliza que haría detenerse a casi cualquier otra persona.
Pero Hood continúa levantándose.
Y poco a poco Sanchez empieza a descubrir algo que no esperaba.
El sheriff no está intentando ganarle por puntos.
Está dispuesto a llegar mucho más lejos.
Lucas utiliza todo lo que tiene.
Golpes.
Instinto.
Rabia.
Experiencia.
Y una capacidad casi enfermiza para soportar dolor.
Hasta que finalmente consigue dominar al campeón.
Lo que hace después deja claro delante de todos que este nuevo sheriff no juega bajo las mismas reglas que los demás.
Sanchez termina detenido.
El gran negocio se viene abajo.
Y Banshee acaba de conocer realmente a su nuevo jefe.
La escena funciona porque Lucas no es un héroe tradicional
Lo fácil habría sido mostrar a Lucas entrando, derrotando cómodamente al campeón y marchándose como un héroe.
Banshee hace algo mucho mejor.
Lucas recibe muchísimo daño.
Por momentos parece claramente superado.
Eso hace que la pelea sea emocionante porque Sanchez realmente parece capaz de destruirlo.
Pero también revela algo esencial sobre Hood.
Su principal ventaja no es ser el hombre más fuerte.
Es que resulta increíblemente difícil quebrarlo.
Quince años en prisión le enseñaron algo que Sanchez jamás necesitó aprender en un gimnasio:
cómo seguir peleando cuando perder significa algo mucho peor que una derrota.
Ese detalle convierte la escena en mucho más que una simple pelea espectacular.
Es una ventana directa al pasado del protagonista.
Proctor finalmente entiende con quién está tratando
Después del enfrentamiento, Lucas está destrozado físicamente.
Pero el verdadero conflicto apenas comienza.
Proctor va a verlo.
Ha perdido dinero y ha visto cómo el sheriff destruyó públicamente un negocio importante sin preocuparse por las consecuencias.
Cualquier otra persona probablemente intentaría disculparse.
Lucas no.
En lugar de buscar una alianza cómoda, deja claro que entiende perfectamente qué clase de hombre es Proctor.
Y todavía más importante:
no le tiene miedo.
Aquí la serie termina de colocar sus dos grandes fuerzas frente a frente.
Kai Proctor controla Banshee mediante dinero, influencia y miedo.
Lucas Hood acaba de demostrar que ninguna de esas tres cosas funciona demasiado bien con él.
Proctor le advierte que quizá debería empezar a temerle.
Lucas prácticamente responde con su silencio.
No piensa hacerlo.
Todavía no son enemigos declarados.
Pero la guerra ya comenzó.
Y Clay Burton nos recuerda que Proctor tampoco está jugando
Sería fácil terminar el episodio pensando que Lucas es el hombre más peligroso de Banshee.
Entonces aparece Clay Burton.
El silencioso asistente de Proctor demuestra que detrás de su apariencia impecable existe alguien capaz de ejercer una violencia aterradora cuando su jefe lo necesita.
Después del desastre relacionado con Sanchez, Burton va a recuperar el dinero de Proctor.
No necesita levantar demasiado la voz.
No necesita amenazar durante minutos.
Simplemente hace su trabajo.
Y la escena sirve como una advertencia perfecta:
Lucas puede ser brutal.
Pero Proctor también tiene monstruos de su lado.
Lo mejor de “Meet the New Boss”
Este tercer episodio consigue algo fundamental para cualquier serie nueva: define definitivamente su identidad.
Banshee no pretende ser un drama policial tradicional.
Tampoco es solamente una serie criminal.
Es una mezcla salvaje de western moderno, thriller, drama familiar y acción extremadamente física.
Y Lucas Hood representa perfectamente esa combinación.
Antony Starr consigue transmitir muchísimo incluso cuando su personaje casi no habla.
La rabia contenida cuando observa la vida de Carrie.
La incomodidad dentro de la casa de Gordon.
La indiferencia frente a las amenazas de Proctor.
Y especialmente esa mirada durante la pelea con Sanchez, cuando parece que Lucas decide que no importa cuánto daño reciba mientras pueda continuar.
Por su parte, Ulrich Thomsen sigue construyendo a Kai Proctor sin necesidad de convertirlo en un villano exagerado.
Proctor rara vez pierde el control.
Eso lo hace más inquietante.
Cada conversación con Lucas parece una negociación en la que ambos hombres están intentando descubrir hasta dónde puede llegar el otro.
¿Tiene algún punto débil?
Sí.
La serie todavía está presentando muchos personajes y conflictos simultáneamente, por lo que algunas tramas reciben menos tiempo del que podrían necesitar.
La historia de Carrie y Rabbit, por ejemplo, tiene suficiente peso emocional como para ocupar prácticamente un episodio completo.
Rebecca también comienza a volverse mucho más interesante, aunque todavía conocemos solo una parte pequeña de su conflicto.
Pero estas historias incompletas funcionan porque dejan preguntas abiertas sin hacer que el episodio se sienta vacío.
Todo parece estar preparando algo mayor.
Un episodio que convierte a Banshee en una serie difícil de abandonar
Los primeros dos capítulos mostraron el concepto.
El tercero demuestra de qué es capaz la serie.
Lucas Hood ya no es únicamente un criminal utilizando la identidad de un sheriff muerto.
Empieza, de una forma extraña y completamente imperfecta, a convertirse realmente en el sheriff de Banshee.
No porque conozca la ley mejor que nadie.
Sino porque cuando todo el pueblo decide mirar hacia otro lado, él es el único suficientemente loco como para caminar directamente hacia el problema.
Y esa es justamente la contradicción que hace fascinante al personaje.
Puede ser un impostor.
Puede ser un ladrón.
Puede estar tomando decisiones terribles en su vida personal.
Pero cuando un hombre poderoso cree que puede escapar de las consecuencias simplemente porque hay dinero de por medio, Lucas Hood no negocia.
Entra.
Recibe los golpes.
Y termina la pelea.
Calificación: 9/10
“Meet the New Boss” es el episodio en el que Banshee encuentra definitivamente su personalidad. Tiene tensión, drama, relaciones complicadas, personajes peligrosos y una pelea que resume perfectamente quién es Lucas Hood.
Si los primeros capítulos todavía no te habían convencido, este es probablemente el momento en que la serie consigue atraparte.
Porque después de ver a Lucas Hood enfrentarse a Damien Sanchez, queda una cosa bastante clara:
Banshee ya tiene nuevo sheriff. El problema es que nadie está preparado para él.